sábado, 26 de marzo de 2011

LAS BEBIDAS AZUCARADAS PODRÍAN AUMENTAR EL RIESGO DE HIPERTENSIÓN

El equipo de investigación señala que tanto la glucosa como la fructosa que se encuentran en las bebidas azucaradas están implicadas en esta relación.


Los hallazgos "sugieren que los individuos que consumen más refrescos y otras bebidas azucaradas podrían tener niveles de presión arterial más altos que los que consumen menos", afirmó el autor Ian J. Brown, asociado de investigación del departamento de epidemiología y bioestadística de la Facultad de salud pública del Colegio Imperial de Londres.

"Y el problema podría agravarse con una alta ingesta de sal, una causa importante de hipertensión de por sí".


"También encontraron que los hombres y mujeres que consumían una o más bebidas azucaradas al día tendían a tener más peso, consumir más calorías y tener dietas menos sanas que los que no las consumían".

Para explorar el potencial de una relación entre las bebidas azucaradas y la presión arterial alta, los autores analizaron los patrones de consumo de casi 2,700 hombres y mujeres estadounidenses y británicos que tenían entre 40 y 59 años de edad.


Se completaron diarios de dieta que cubrían los alimentos, los azúcares, las bebidas azucaradas y las bebidas de dieta durante un periodo de 4 días por cada participante del estudio.


También completaron cuestionarios detallados que se enfocaban en una variedad de factores de vida, médicos y sociales. Se tomaron muestras de orina y lecturas de presión arterial durante todo el periodo del estudio.

  • El equipo observó que los que bebían más de una bebida azucarada al día tenían el consumo de azúcar más alto (ya fuera glucosa, fructosa o sacarosa) y el consumo calórico más elevado, con un promedio de 400 calorías adicionales al día.

  • Los que bebían más de una bebida azucarada al día también registraron índices de masa corporal (IMC) más altos que el promedio, en comparación con los que no las bebían, lo que sugiere que los que consumían esas bebidas también consumían alimentos menos saludables.


  • En cuanto a la presión arterial, por cada porción (355 mililitros) de bebida azucarada consumida al día, hubo un aumento significativo en las lecturas sistólica y diastólica (+1.6 y +0.8, respectivamente), incluso tras ajustar el IMC.

  • Además, la asociación entre beber bebidas azucaradas y tener una presión arterial más alta pareció ser aún más potente entre los que también tenían una alta ingesta dietética de sodio.


"El consumo de bebidas azucaradas se ha relacionado con el riesgo de hipertensión, obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedad cardiaca".

"Así que beber esas bebidas con moderación".


Para los que desean seguir las directrices de la American Heart Association, Brown señaló que una cantidad moderada se traduciría en aproximadamente 3 latas de 33 ml por semana para individuos que consumen rutinariamente unas 2000 calorías diarias.

Aconsejó que "aún mejor sería elegir alternativas sanas para el corazón como el agua y el té sin azúcar".


En respuesta a los más recientes hallazgos, la Asociación Estadounidense de Bebidas emitió una declaración el lunes diciendo que aunque la presión arterial alta es "una preocupación grave de salud", el estudio actual "no establece ni puede establecer que beber bebidas azucaradas cause hipertensión de alguna forma"

COMER BIEN SIN GASTAR MUCHO

En estos duros momentos desde el punto de vista económico, un número considerable de españoles tiene dificultades para comprar comida y hace esfuerzos por ahorrar en la cesta de la compra.
Existe una idea errónea bastante generalizada de que todos los alimentos sanos son caros.
Se puede comer de manera saludable con un presupuesto limitado, aunque puede que requiera un poco más de planificación.

Según la encuesta Eurobarómetro Flash de 2010 realizada para supervisar el impacto social de la actual crisis económica, aproximadamente 1 de cada 5 europeos tuvo dificultades para comprar comida u otros productos necesarios para la vida diaria en al menos una ocasión durante los 12 meses previos a la encuesta.

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Ante esta situación financiera inestable, todo el mundo se preocupa por el futuro e intenta reducir gastos. Un objetivo claro es la cesta de la compra.

La comida casera es más barata


Un reciente estudio americano evaluó el coste de la compra de alimentos para cumplir con las recomendaciones dietéticas nacionales.

Se comparó la compra de alimentos en supermercados con la de comida rápida en restaurantes modernos.


  • Los alimentos adquiridos en supermercados incluían grandes cantidades de fruta, verduras congeladas, pechugas de pollo, carne magra, pasta, pan, cereales de desayuno y productos lácteos.
  • Las comidas adquiridas en el restaurante moderno consistían normalmente en bocadillos, carne de pollo empanada, patatas salteadas o fritas, zumo, café o refrescos.

Los análisis demostraron que el coste por caloría de la dieta de comida rápida era un 24% más elevado que la dieta de comida casera.

Sin embargo, este cálculo no incluía los costes de la infraestructura privada para cocinar ni el tiempo necesario para comprar y preparar los alimentos, por lo que el ahorro total podría ser algo menor. Desgraciadamente, no existen datos en Europa que permitan hacer una comparación.

Por lo general, se cree que comer de manera saludable resulta caro, pero los supermercados hoy en día ofrecen una amplia gama de alternativas.

Además, las directrices alimentarias recomiendan consumir únicamente pequeñas cantidades de los artículos costosos como carne, pescado, pollo y queso.

  • En realidad, deberíamos comer más judías, lentejas y otros productos económicos como pan (integral), arroz, pasta y otros cereales.
  • Busque las ofertas especiales y, sobre todo, compre únicamente lo que sepa que va a comer.


Reducir al mínimo el desperdicio de comida


En Europa tiramos grandes cantidades de comida cada año, muchas veces aún en su envase original.

Esto se debe principalmente a que los alimentos se estropean antes de que encontremos tiempo para comerlos o a que cocinamos demasiada cantidad y tiramos el resto.

Una buena manera de alimentarse de forma sana y económica sin desperdiciar comida es tener un plan.

  • Dedique media hora aproximadamente a decidir su menú semanal, mire en libros de recetas o consulte alguna de las muchas páginas web donde obtendrá abundantes ideas para preparar comida sana.
  • Compruebe lo que tiene en su despensa, haga una lista de ingredientes adicionales y limítese a su lista al hacer la compra.
  • Coma algo antes de ir al supermercado, puede que así evite comprar impulsivamente, ya que el hambre hace que llenemos nuestro carro de la compra con productos que no necesitamos.

El resultado: ingredientes que se van a aprovechar en lugar de estar en la despensa estropeándose, tiempo ahorrado cada noche, ya que sabe lo que va a cocinar, y comidas saludables y sabrosas que no nos costarán un ojo de la cara.

Consejos frugales sobre alimentos

  • Compre la fruta y la verdura de temporada, y cocine con estos productos en la medida de lo posible
  • Diseñe un menú semanal sano de bajo coste
  • Escriba una lista de la compra y aténgase a ella
  • Organice los alimentos en su nevera/despensa de manera que los consuma antes de su fecha de caducidad
  • Mida las porciones para reducir el desperdicio
  • Entérese de cómo utilizar las sobras
  • Cocine el doble y congele la mitad para otro día
  • Los supermercados a menudo bajan el precio de los artículos perecederos al final del día o los fines de semana, cuando se aproxima la fecha de caducidad
  • Comparta ofertas especiales/compras en grandes cantidades con un amigo o congele productos para usarlos posteriormente.

¿ POR QUÉ NOS GUSTAN UNOS ALIMENTOS Y OTROS NO ?


La mayoría de nuestras preferencias en cuanto a los sabores no están predeterminadas biológicamente, sino que suelen estar relacionadas con algún tipo de experiencia.
Aunque existen ciertos factores genéticos que provocan diferencias en la percepción de los sabores, es más normal que las similitudes en las preferencias gustativas reflejen experiencias parecidas con distintos tipos de sabores y alimentos. La configuración de las preferencias gustativas comienza en el útero y continúa durante el resto de nuestra vida.

Configuración prenatal


Todos los sentidos humanos se establecen en la fase embrionaria (semanas 1 a 8 de gestación) y a principios de la fase fetal, y maduran a distinta velocidad.

El desarrollo y maduración de los órganos sensoriales está estrechamente vinculado con el del sistema nervioso central. La formación de los órganos comienza en la cabeza; por eso, los órganos sensoriales de esta zona (ojos, oídos, nariz, lengua) también se establecen muy temprano.

Del mismo modo, el sentido del gusto se forma y madura pronto ya que las primeras papilas gustativas aparecen en la 8ª semana de gestación. Los compuestos de aroma presentes en el fluido amniótico estimulan los receptores del gusto del feto en cuanto éste empieza a tragar (alrededor de la 12ª semana de gestación).

Los impulsos del gusto se transmiten a varios núcleos (grupos de neuronas) del tronco cerebral, donde inducen – entre otras cosas – los reflejos relacionados con el flujo salival y los movimientos de la lengua.

La composición del líquido amniótico cambia durante el desarrollo del feto, especialmente cuando éste empieza a orinar.

Cada día el feto traga entre 200 y 760 ml de liquido amniótico, dependiendo de la etapa del desarrollo, y se expone a un gran número de componentes de los sabores, incluyendo varios azúcares (p. ej. glucosa, fructosa), ácidos grasos, aminoácidos, proteínas y sales.

Los sabores de la dieta materna llegan al fluido amniótico. De este modo, los bebés ya experimentan patrones culturales gustativos mucho antes de tener un contacto directo con los alimentos propiamente dichos.

Durante las semanas 26ª a 28ª de la gestación pueden detectarse relaciones entre la estimulación de los receptores del gusto y cambios que se asemejan a reflejos en la expresión facial. Esto es especialmente evidente con los estímulos de sabor amargo. A las 32 semanas de gestación, el feto responde ante un cambio en el sabor del líquido amniótico modificando su manera de beber. Dependiendo de si el sabor de dicho fluido es dulce o amargo, el feto adapta su patrón de deglución aumentando o disminuyendo respectivamente la frecuencia con la que traga.

Preferencias gustativas innatas


Para los recién nacidos, el sentido del gusto es el más importante de todos y el más desarrollado. Muchos experimentos con recién nacidos muestran una elevada aceptación del gusto dulce en todas las culturas. Incluso reaccionan ante una solución muy diluida de azúcar con una expresión facial de comodidad y satisfacción.

Por el contrario, el sabor del ácido cítrico es rechazado haciendo una mueca con los labios. No se aprecia ninguna respuesta ante las soluciones amargas o saladas diluidas, pero en altas concentraciones los sabores amargos sí producen rechazo.

Entre los 14 y 180 días de edad se aprecia un cambio en la aceptación de los sabores amargos. La preferencia por el sabor dulce tiene sentido a nivel evolutivo (“sabor de seguridad”) y puede explicarse por el hecho de que indica una fuente de energía (carbohidratos) que no es tóxica y su consumo es seguro.

Por su parte, el sabor amargo suele asociarse con alimentos tóxicos.
Se asume que existe una programación evolutiva similar para los demás sabores. Por ejemplo, el sabor ácido podría avisarnos de que un alimento está deteriorado, mientras que el sabor salado podría relacionarse con los minerales.
El sabor “umami” (= sabroso) indica una fuente rica en proteínas ya que suele darse naturalmente en alimentos de origen animal.

La leche materna influye en las preferencias


La leche materna contiene numerosos compuestos aromáticos que la madre incorpora a través de su alimentación. Los sabores naturales de algunos alimentos (ajo o vainilla) pueden detectarse en la leche humana entre 1 y 2 horas después de su consumo. El sabor de la leche materna también podría influir en las preferencias del recién nacido.

Por ejemplo, unos científicos americanos demostraron que los niños cuyas madres habían consumido zumo de zanahoria entre embarazo y el cese de la lactancia preferían cereales con sabor a zanahoria durante su infancia, en comparación con un grupo de control cuyas madres no lo habían consumido.

Tabla 1: Reacciones innatas ante los componentes de los sabores

Sabor básico

Reacción innata

Desarrollo

Grundgeschmacksart

Positiva

Prenatal

Dulce

Negativa /Rechazo, incierta

Prenatal

Ácido

Positiva

A la edad de 4-6 meses

Salado

negative/rejecting

Prenatal

umami

Incierta

Se desconoce


El condicionamiento de preferencias y aversiones


Una vez que se acepta un sabor o alimento, esto también puede influir en la preferencia y aceptación de otros nuevos. Este fenómeno, denominado “aprendizaje sabor-sabor”, implica que es más probable que se acepten nuevos alimentos si se combinan con platos conocidos que si se consumen solos. Sin embargo, este efecto es más pronunciado en relación con estímulos gustativos negativos.

Si las propiedades sensoriales de un alimento se relacionan con sensaciones o reacciones negativas (náusea, vómitos durante o tras el consumo), se desarrolla una aversión hacia este alimento que puede continuar durante el resto de la vida (llamada “fenómeno de la salsa bearnesa”).

A menudo no importa si el alimento es la causa real de esta reacción o simplemente se ha consumido poco antes o después.

En todo caso, las sensaciones positivas también pueden modelar la preferencia por un alimento. Por ejemplo, estudios realizados con ratas han mostrado que, tras un tiempo, estos animales preferían las versiones más caloríficas de ciertos alimentos antes que sus equivalentes menos calóricos. Habían aprendido que experimentaban reacciones positivas con alimentos de mayor densidad energética que no aparecían con los menos calóricos.

Este efecto se ha llamado “aprendizaje sabor-nutriente” y también se da entre las personas.

La preferencia por platos con un gran contenido energético y grasas también viene modelada por el contexto social. A los niños suelen gustarles los alimentos que han comido en situaciones agradables y suelen rechazar los platos relacionados con algo negativo.

Este aspecto se fomenta más por la selección de los alimentos consumidos en ocasiones específicas. Los alimentos más suculentos (alta densidad energética y alto contenido de grasas y azúcar, como los postres) suelen servirse en ocasiones placenteras como celebraciones o cuando nos visitan invitados.

Por el contrario, los alimentos considerados menos apetitosos, como las verduras, suelen consumirse bajo presión: “Cómete las verduras o no hay postre”. Esto ocasiona una conexión doblemente negativa y a la vez aumenta la popularidad de platos más energéticos y la aversión hacia alimentos menos apetitosos.

Favorecer lo conocido


El café es una bebida que sólo llega a gustar cuando se consume de forma repetida. A menudo probamos su amargo sabor con cautela y con la ayuda de leche y azúcar.

Para llegar a disfrutar realmente del café se requiere una exposición repetida y el desarrollo de una preferencia gustativa como esta se ha denominado “efecto de la mera exposición”.

Según este efecto, sólo nos gustan los alimentos o bebidas que consumimos de forma regular y que, por consiguiente, se han convertido en un gusto adquirido.

Se supone que hay una relación directa entre las experiencias y preferencias gustativas.

La base de este efecto tiene un principio de seguridad biológica: nuestros antepasados han recopilado experiencias gustativas probando detenidamente los alimentos y comprobando si producían consecuencias negativas (intolerancia).

Sin embargo, nuestra conducta alimentaria no suele limitarse a la ingesta de alimentos, sino que va ligada a emociones, aspectos sociales y procesos digestivos que pueden influir en el efecto de la mera exposición. Un principio biológico que se opone al efecto de la mera exposición es el miedo a los nuevos alimentos, denominado neofobia.

Miedo a lo nuevo


Parece ser que la neofobia es mínima en los bebés, especialmente entre los 4 y 6 meses, momento en que se empiezan a introducir los alimentos sólidos. Con solo una toma de un alimento nuevo, los bebés ya muestran un aumento significativo de su aceptación.

Por el contrario, en los niños de 18 a 24 meses la neofobia es muy pronunciada. En esta etapa tan sensible, hasta niños que antes comían bien suelen empezar a rechazar los alimentos y sabores nuevos.

La neofobia protege al niño de esta edad de ingerir alimentos dañinos o tóxicos. En una edad en que los niños empiezan a caminar y a ser más independientes al elegir qué comen, la neofobia puede tener un cierto valor de supervivencia.
La aceptación de sabores nuevos en niños menores de cinco años solo suele observarse tras exponerles a estos sabores entre 5 y 10 veces como mínimo. Los niños mayores y los adultos tienen medios para superar su neofobia innata.

Las neofobias infantiles pueden atenuarse o superarse. Por ejemplo, los niños aprenden de forma muy eficiente de modelos e iconos a imitar como pueden ser los padres, hermanos, amigos o algún héroe de la ficción. Si el modelo produce una impresión positiva, es posible que el niño adopte todo un patrón conductual.


El plato favorito, no todos los días


Existe un mecanismo biológico llamado “saciedad sensorial específica” que evita que nuestra alimentación sea muy monótona.

Aunque a algunos, especialmente a los niños, les encantaría comer su plato favorito a diario, de repente exigen algo nuevo y rechazan platos que antes estaban entre sus favoritos. La saciedad sensorial específica también puede observarse al comer un menú de varios platos.

Sólo pueden consumirse cantidades limitadas de cada plato, lo que nos sacia rápidamente y evita que deseemos repetir. No obstante, puede que aún haya espacio para otro plato o un postre.

En personas adultas, cuanto mayor es la selección de comidas en una comida, más cantidad de alimentos se consume.

Sabor familiar


El motivo de que nos gusten o no ciertos alimentos es una compleja interacción de condicionamiento gustativo (que empieza en el útero materno y continúa hasta la vejez), adaptación (efecto de la mera exposición) y factores biológicos (como la saciedad sensorial específica).

Por ello, los niños y los padres merecen una atención especial en el proceso de “educación gustativa”.

  • Se ha comprobado que el contexto en el que ocurren las comidas familiares tiene una influencia fundamental en las preferencias gustativas posteriores, desempeñando un papel muy importante en el modelado de la conducta de alimentación.
  • Las preferencias y aversiones son muy personales, pero pueden mostrar unas claras conexiones familiares y sociales.
  • Desde el principio, los padres asumen un papel esencial y pueden contribuir de forma sustancial al desarrollo de las preferencias y aversiones de distintos sabores.
  • Teniendo en cuenta que estas preferencias son muy estables y pueden durar toda la vida, debería darse una importancia especial al entorno de las comidas.
  • Deben evitarse influencias negativas, como peleas, durante las comidas.
  • Para el desarrollo de las preferencias gustativas puede ser importante dar algo de libertad a los niños a la hora de elegir los alimentos y mostrar una actitud relajada en relación con las aversiones temporales.

jueves, 17 de marzo de 2011

"COMIDA CHATARRA" CON CONTROL PUBLICITARIO ESTRICTO EN MÉXICO

Se acaban de anunciar, una serie de medidas estrictas para el control televisivo de la comida basura en el país de México.

Esta vez, José Ángel Córdova Villalobos, secretario de Salud Pública de México ha resaltado el interés del país, en frenar las muertes prematuras derivadas de estos malos hábitos alimenticios.

Una de las medidas aunque no será fácil y se tendrá que evaluar antes, será el aumento de los impuestos a algunos productos “chatarra” y la eliminación de la publicidad de los mismos en horarios infantiles.

Actualmente el 70% de los adultos mexicanos y un tercio de los niños sufren de sobrepeso u obesidad. Estas enfermedades llevan, a su vez, a un aumento no sólo de las muertes sino también de los casos de enfermedades crónico degenerativas como la diabetes y la hipertensión arterial.



El señor Córdoba, recalcó la necesidad de controlar la publicidad de este tipo de alimentos en relación con los más chicos, medida que debe tomarse “rápidamente y de forma definitiva”.


Informó a su vez, que los canales de televisión serán obligados de retirar la publicidad de la "comida chatarra", de los horarios en los que los más chicos se encuentran frente al televisor.

Si no se frena la obesidad, a medio plazo se registrará un crecimiento importante de casos de niños diabéticos, hipertensos y con problemas cardiovasculares a temprana edad.

“Un niño gordito podría tener un infarto a los 25 o 30 años”.