Espero que sea de vuestro interés.
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Según estos resultados del Observatorio del Consumo y la Distribución Alimentaria del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, los productos que más se consumen, varían según se desayune en el hogar o en algún establecimiento público. En el primer caso, los españoles prefieren leche con café, pan, aceite de oliva, frutas, galletas, zumos, mermeladas, cereales y mantequilla, aunque el 77,8 por ciento de los encuestados sólo consumen dos o tres de ellos.
Cuando el consumidor sale fuera a desayunar las bebidas favoritas son el café, el chocolate y los zumos, y entre los sólidos destacan aquellos con base de pan, bollería, jamón y embutidos, reduciéndose el consumo de bollería y chocolate según aumenta la edad.
Aparte del 71,7 por ciento de los españoles que desayunan en casa, el estudio indica que un 23,2 por ciento lo hace en casa y fuera, el 3,7 por ciento sólo lo hace fuera y el 1,4 por ciento no desayuna. Los factores principales que llevan a los españoles a desayunar fuera son el hecho de estar lejos de casa, la falta de tiempo y la comodidad, siendo cafeterías, bares/tabernas y panaderías los que concentran el 75 por ciento de los desayunos, con un gasto medio 1,79 euros por persona.
Por sexo, son los hombres los que salen más a desayunar, un 59,4 por ciento, y sólo un 40,6 en el caso de las mujeres. Por edades, la franja entre los 25 y los 54 años es la más habituada a desayunar fuera. También la localización geográfica influye, siendo en Andalucía y en el Área Metropolitana de Barcelona donde existe más hábito de desayunar fuera de casa.
A pesar de ser conscientes de que se trata de una comida importante, se le dedica poco tiempo, alrededor de 13 minutos si el desayuno es en casa y 19 minutos si es fuera, aunque los fines de semana este tiempo aumenta ligeramente.
Todos conocemos el Actimel y todos hemos visto los anuncios de este producto (los últimos son los de la periodista Susana Griso y el de “¡Actimelízate!”) en que nos dicen que está "científicamente demostrado" que consumiendo este producto nuestras defensas y las de nuestros hijos aumentan protegiéndonos de las enfermedades.
Un anuncio similar, en el que aparece una botellita de Actimel saltando a la comba mientras una voz en off explica estas virtudes, ha sido prohibido por la Autoridad de Estándares en Publicidad de Reino Unido por considerarlo engañoso.
Al parecer Danone presentó diversos estudios para avalar tales beneficios que, pese a estar cerca de demostrar lo que aseguran, no justifican totalmente el mensaje publicitario.

Es popular la creencia de que hay personas que, por más que comen, no engordan y, por el contrario, otras engordan aunque coman poco. Aunque hay personas que utiliza esta idea para justificar sus excesos, en muchos casos tiene realmente una base cierta.
Las razones son, al menos, dos: las diferencias en el metabolismo basal y en el genotipo ahorrador. Aunque pueda haber otras que no se hayan descubierto.
Con carácter general, lo que se engorda o adelgaza es la diferencia, positiva o negativa, respectivamente, entre las calorías ingeridas y las gastadas. Vista así, la grasa que acumulamos no es más que una reserva de energía. Pero las diferencias personales hacen que la cuestión no sea tan sencilla.
El metabolismo basal es la cantidad mínima de energía que necesita una persona para vivir, respirar, mantener la actividad cardiaca, el funcionamiento de los riñones, el cerebro, etc. Es, en resumen, el consumo de energía en reposo absoluto, y varía de una persona a otra en función de una serie de factores como edad, sexo, altura, peso, estrés y otros.
Diferencias relativamente pequeñas en el metabolismo basal de dos individuos pueden resultar al final importantes, ya que se estima que dicho metabolismo supone en torno al 55 – 70 % del consumo energético total, correspondiendo el resto (30 – 45%) al ejercicio físico y a la producción de calor.
El otro factor que diferencia a unas personas de otras es el genotipo ahorrador, es decir, la predisposición genética a ahorrar energía y acumularla en forma de grasa. Después de ingerir comida, lo que supone la presencia de glucosa en la sangre, hay organismos que alimentan en abundancia ciertas células del cuerpo, como las musculares, con lo que no queda apenas energía para ser almacenada en forma de grasa; por el contrario, otros han desarrollado la "habilidad" de alimentar dichas células con frugalidad y almacenar la energía sobrante como materia grasa.
El genotipo ahorrador ha sido, durante miles de años, una clara ventaja evolutiva. Ante los frecuentes periodos de prolongada carencia de alimentos por falta de caza o recolección, los individuos con genotipo ahorrador tenían más reservas (grasa) para sobrevivir, mientras que los que no tenían este genotipo podían morir de hambre. Pero en nuestra sociedad desarrollada, de abundancia de comida apetecible y barata, esta ventaja se ha convertido, como es sabido, en inconveniente.

Las grasas en la nutrición son esenciales para una buena salud pero su exceso no es favorable, pues contribuye al desarrollo de la obesidad y a aumentar el riesgo de enfermedades del corazón, alta presión, diabetes, piedras en la vesícula y ciertos cánceres
En la actualidad, los expertos en nutrición recomiendan que usted no obtenga más de 30% de las calorías totales de la dieta a partir de las grasas.
Usted obtiene un bajo porcentaje de calorías provenientes de las grasas al consumir palomitas de maíz sin aceite, verduras, clara de huevo, arroz y pastas pero un alto porcentaje en las salchichas, la mayonesa, el queso y las aceitunas. Las grasas y los aceites contienen más del doble de calorías por gramo que los carbohidratos o las proteínas.
Es recomendable consumir más cereales, frutas y verduras, que no suelen contener grasa o contiene muy poca y proporcionan mucho menos calorías que los alimentos grasosos. Además, recuerde que su objetivo debe ser seguir una dieta equilibrada con un bajo contenido de grasas totales. Esto significa que ocasionalmente puede comer algunos alimentos ricos en grasas.
El contenido de calorías por cada gramo de grasa es más del doble de las calorías de los carbohidratos y las proteínas:
Valor calórico por gramo:
La grasa en la dieta se almacena más fácil como grasa en el cuerpo en comparación a los carbohidratos y las proteínas. La zona de peligro donde se almacena la grasa es la del área del abdomen en los hombres y en la cadera y los glúteos en las mujeres.
Del total de calorías, se considera saludable ingerir entre el 20 - 30% de calorías provenientes de las grasas.
La etiqueta de los alimentos y el contenido de grasas
La importancia mayor está en saber leer la etiqueta de los alimentos. Hay que identificar la cantidad de servicio y el total de gramos de grasas.
La proporción en la parte del frente de la etiqueta de los alimentos no siempre es la correcta. Debe asegurarse de leer la etiqueta de los alimentos.
Veamos el siguiente ejemplo:
| | Leche entera | Baja en grasas |
| Por ciento grasa | 3.5% | 1% |
| Gramos de grasa en una taza de 8oz | 8 gm | 2 gm |
| Calorías | 150 | 100 |
| % calorías de grasa | 40% | 18% |
Con el ejemplo, se observa que casi el 50% de las calorías totales en la leche entera vienen de las grasas, y el por ciento de grasa en la leche entera era menor a 4%.
Los alimentos que le añaden grasas son los siguientes:
Ejemplos:
| Una papa de (3 gm) | 65 calorías |
| Papas fritas (3 gm) | 220 - 275 calorías de
|
| "Patata chips" (5 gm) | 450 calorías
|
Recomendación: Evitar FREIR los alimentos.
Gracias a las nuevas etiquetas de la mayor parte de los envases es posible saber cuáles alimentos contienen menos grasas que otros. Las etiquetas le informan a usted cuántas calorías de una porción provienen de todos los ingredientes y cuántas provienen de las grasas. Por ejemplo, una taza de 240 ml. de leche entera proporciona 150 calorías de energía y 70 calorías de este total provienen de las grasas por lo que casi la mitad, o un 47%, de las calorías provienen de las grasas.
Algunos expertos en nutrición consideran que en una dieta verdaderamente saludable sólo 20-25% de sus calorías deben proceder de las grasas.
Por ejemplo, usted puede justificar el alto contenido de grasas de la leche entera bebiendo sólo una poca o incluyendo en su dieta muchos alimentos bajos en grasas. Una alternativa mejor es la de beber leche al 2% (35% de calorías de las grasas), leche al 1% (23% de calorías de las grasas) o leche descremada (0% de las grasas). La datos abajo indicados muestra otros alimentos bajos en grasa que le ayudarán a disminuir su consumo total de grasas. Menos del 30% de las calorías totales que proporcionan estos alimentos provienen de las grasas. Los otros alimentos deben ser consumidos en porciones más pequeñas o menos a menudo.
Algunos alimentos contienen poca o mucha grasa, dependiendo de factores como la elaboración. Por ejemplo, el contenido de grasa de quesos, pescado, res, pastelillos y tentempiés varía considerablemente.
Por tanto, es recomendable leer las etiquetas de los alimentos cuidadosamente porque permiten que usted elija productos bajos en grasa o sin grasa e identificar los alimentos que contienen mucha grasa. De este modo, podrá decidir cuáles son los alimentos cuyo consumo debe disminuir, especialmente si usted planea preparar los alimentos. De esta manera, usted podrá llevar una dieta total que sea más baja en grasas y más adecuada para su salud.

Considerada la unidad de medida de la energía, resulta muy útil conocer el aporte de cada alimento
Los conceptos de energía, caloría y kilocaloría son utilizados a menudo de forma indistinta. En general, se desconoce el significado de estos términos y llegan a confundirse. Sin embargo, no son lo mismo. Las calorías son unidades de medida de la energía, de la misma forma que la longitud se mide en metros y la temperatura, en grados centígrados.
Los nutrientes forman parte de los alimentos. Son las sustancias encargadas de aportar energía al organismo. Ésta se mide mediante una unidad denominada caloría. Cuando se consume un producto, el cuerpo absorbe y metaboliza los nutrientes. Es en este proceso donde obtiene la energía.
Puesto que la cantidad que participa en el metabolismo de los alimentos es importante, se utiliza la kilocaloría como medida habitual. El prefijo "kilo" indica en el sistema métrico un total de 1.000 unidades: 1 kilocaloría equivale a 1.000 calorías, de ahí que se designe mediante la palabra Caloría (con "C" mayúscula). Se debe interpretar en los mismos términos el hecho de que 100 gramos de pan aporten 235 kcal, 235 Cal o 235.000 calorías.
El valor energético de los alimentos se suele medir en kcal, pero también es habitual encontrarlo en julios o kilojulios (kJ), que miden la energía en términos de trabajo mecánico: 1 kcal equivale a 4,184 kilojulios. En la etiqueta de un producto se puede leer que 100 gramos aportan 365 kcal o su equivalente, 1530 kJ.
Las calorías miden la cantidad de energía que aportan los alimentos
El sol es la principal fuente de energía en los organismos vivos. Durante el proceso de fotosíntesis, las plantas utilizan la luz solar para sintetizar, junto con el dióxido de carbono del aire y el agua del suelo, moléculas de glucosa. Este nutriente almacena la energía potencial. A partir de este hidrato de carbono básico, se sintetizan carbohidratos más complejos (almidones, fibras), proteínas y grasas. Todos ellos llegan a los seres vivos a partir de la ingesta de las plantas y de la carne de otros animales.
La energía se libera durante el metabolismo de los alimentos. Las células y tejidos la utilizan para realizar sus funciones. Sin embargo, no siempre se aporta la misma cantidad: cada gramo de carbohidrato produce cerca de 4 kcal, igual que las proteínas, pero menos de la mitad que con un gramo de grasa, 9 kcal.
Los tres nutrientes son imprescindibles para el correcto funcionamiento del organismo. Los carbohidratos constituyen la mayor fuente de energía para el cuerpo. Son indispensables porque, en condiciones normales, son la única fuente de energía para el cerebro.
Las grasas están consideradas como la fuente principal de energía para los músculos, ya estén en reposo o mientras practiquen ejercicio prolongado y de baja intensidad. La mayoría de los tejidos del organismo son capaces de utilizarlas como fuente de energía (excepto el cerebro, las células sanguíneas, la piel y la médula renal). Puesto que a igual peso proporcionan más energía, las grasas constituyen la forma principal de almacenamiento de ésta en el organismo, en forma de grasa corporal (tejido adiposo).
El tercer nutriente energético son las proteínas. Aunque proporcionan energía (la misma cantidad que los carbohidratos), rara vez son una fuente principal. Su papel fundamental es estructural, al participar en la construcción, reparación y mantenimiento de células y tejidos.
Uno de los datos más útiles e importantes para los profesionales que trabajan en el campo de la nutrición y la dietética es conocer el número de calorías (orientativo) que aporta un determinado alimento o la energía que ingiere un individuo en un día o en una comida. Para ello, es necesario conocer la composición nutricional de los alimentos a través del etiquetado y de las tablas de composición.
Para el cálculo, se parte de la cantidad de carbohidratos, grasas y proteínas del alimento, y se consideran los valores energéticos de los distintos nutrientes:
De esta forma, si interesa calcular la ingesta energética realizada a partir de un bocadillo de queso manchego, se procederá de la siguiente forma:
El bocadillo aporta en total 37,6 g de carbohidratos, 20,7 g de proteínas y 11,28 g de grasas. Al multiplicar cada nutriente por el valor energético correspondiente, se calcula que el bocadillo tiene un valor energético de 334, 9 kcal. Si se desglosan las calorías, se comprueba que 150,4 kcal (37,6 g x 4 kcal/g) proceden de carbohidratos; 82,8 kcal (20,7 g x 4 kcal/g) proceden de las proteínas, y 101,7 kcal (11,3 g x 9 kcal/g) son calorías provenientes de las grasas.

España es uno de los países con mayor prevalencia de obesidad de toda Europa, una realidad que preocupa a los pediatras, empeñados en inculcar a las familias que «un niño gordo no es un niño sano».
María García-Onieva, miembro de la Sociedad de Pediatría de Madrid y Castilla-La Mancha, y participante en el congreso que se celebra estos días en Oviedo, defiende la necesidad de abordar de forma multidisciplinar el problema de la obesidad infantil para concienciar a las familias de la necesidad de introducir cambios en los hábitos de vida del niño, dirigidos a prevenir la aparición de sobrepeso y obesidad.
La pediatra, que confesó la sensación de cierto fracaso ante el incremento de una patología que está costando trabajo paliar, cifró en un 23% el porcentaje de población infantil con problemas de peso. «Uno de cada cuatro niños es obeso, lo que conlleva importantes problemas de salud en la edad adulta», aseguró. García-Onieva está convencida de que si no se consigue concienciar a las familias de la importancia de una nutrición sana, «veremos, por primera vez en muchos años, que los menores de hoy llegarán a vivir menos que sus padres».
Para frenar lo que considera un problema de tipo preventivo, recomienda conocer los menús escolares para ajustar la cantidad de calorías y garantizar un adecuado reparto nutritivo. La doctora rechaza, asimismo, la arcaica idea de las abuelas orgullosas de los niños pasados de peso y recomendó, dieta, ejercicio y apoyo psicológico para acabar con lo que puede convertirse en una enfermedad crónica.
En este contexto cabe señalar la iniciativa del Gobierno español para defender una alimentación saludable. Con ese objetivo este mismo mes se aprobó el anteproyecto de ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición que busca unificar todas aquellas leyes que están relacionadas con los alimentos y la nutrición.
Recientemente, el director de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición explicó que todavía el 50 por ciento de los comedores escolares no proporciona una alimentación saludable y equilibrada.
Insistió en que la alta tasa de sobrepeso y obesidad infantil obliga al Gobierno, a las autoridades sanitarias y a la sociedad en general, a adoptar las medidas oportunas que permitan reducir la incidencia denominada «epidemia del siglo XXI».
En Asturias, el 24 por ciento de los niños de 13 años son obesos. La información fue ofrecida recientemente por la pediatra Begoña Domínguez, presidenta de la Sociedad Asturiana de Pediatría, quien aseguró que los niños tienden más a la obesidad que las niñas. Además de la alimentación, las videoconsolas y la televisión son los otros responsables de la situación, añadió la doctora.
