lunes, 31 de agosto de 2009

DESCUBIERTO NUEVO TIPO DE COLESTEROL " OXICOLESTEROL"

Científicos de la Universidad de Hong Kong han descubierto un nuevo tipo de colesterol, el oxicolesterol, que puede hacer que aumente el riesgo de sufrir problemas cardíacos más incluso que los otros dos tipos más conocidos, el colesterol LDL o "malo" y el HDL, según informaron en el marco de la 238 Reunión Anual de la Sociedad Química Americana que se está celebrando estos días en Washington (Estados Unidos).

Este colesterol se encuentra en todos los alimentos fritos y procesados, sobre todo la comida rápida o 'fast-food', y su mecanismo hace que aumenten los niveles totales del colesterol HDL --el "bueno"-- y se acumule en las arterias hasta provocar arterioesclerosis, un endurecimiento de las mismas que favorece el riesgo de coágulos e infartos.

Según destacó el doctor Zhen-Yu Chen, autor de la investigación, el origen del oxicolesterol es la oxidación en el organismo que provoca la reacción entre las grasas y el oxígeno, un proceso ya estudiado desde hace años. De este modo, aparece cuando los alimentos grasos se recalientan, sobre todo con aceites oxidados como las grasas trans o con aceites vegetales parcialmente hidrogenados.

La investigación se llevó a cabo en ratones alimentados a base de comidas ricas en oxicolesterol, observando una mayor obstrucción en sus arterias que hizo que su riesgo de infarto aumentara un 22 por ciento en comparación con aquellos que mantuvieron una dieta rica en antioxidantes.

Tras este hallazgo, Chen confía en que los ciudadanos tomen conciencia de esta nueva variante y entiendan la importancia de consumir frutas y verduras frescas, legumbres o cereales, todos ellos ricos en antioxidantes.

Del mismo modo, este experto no asegura que los fármacos para bajar el colesterol sirven también para el oxicolesterol, de ahí la importancia de abrir a partir de ahora una nueva línea de investigación al respecto, señaló Chen.

¿QUIERE ADELGAZAR? RECUERDE DESAYUNAR.

Quienes quieran adelgazar deberían reducir las probabilidades de saltearse el desayuno, según recomienda un nuevo estudio.
La investigación reveló que saltear la primera comida del día confunde al cerebro y hace que genere la necesidad de ingerir alimentos altamente calóricos por sobre aquellos reducidos en calorías.
"Cuando las personas están en ayunas, en este caso porque saltean el desayuno, sienten más hambre, lo que también aumenta la actividad en ciertas áreas del cerebro involucradas en la recompensa", explicó el doctor Anthony Goldstone, de Imperial College de Londres, en la reunión anual de la Sociedad de Endocriniología, en Washington.
"Hallamos también que cuando las personas están en ayunas, prefieren los alimentos ricos en calorías por sobre los productos reducidos en calorías", agregó.
Los resultados surgen de estudios cerebrales por imágenes realizados a 20 personas no obesas y saludables, a las que se les mostraron fotografías de alimentos con bajo contenido calórico (ensaladas, vegetales y pescados) y con alto contenido calórico (tortas, chocolate y pizza).
Los participantes debieron calificar cómo los afectaban esas imágenes después de un desayuno abundante o de no ingerir la primera comida del día.
Estudios previos habían demostrado que las personas que se saltean el desayuno tienden a tener más peso, a consumir más calorías provenientes de grasas y a aumentar más de peso con el tiempo que las que desayunan habitualmente.
El nuevo estudio sugiere que existiría un mecanismo que podría explicarlo.
"Cuando se saltean comidas, especialmente el desayuno, el sistema cerebral de recompensa tiende a preferir los alimentos con alto contenido calórico por sobre los productos reducidos en calorías (...), lo que sería una respuesta defensiva del organismo para poder sostener el consumo de calorías", dijo Goldstone.
"Eso podría explicar por qué las personas que saltean comidas para adelgazar, algo que hace entre el 30 y el 40 por ciento de las personas que quieren bajar de peso, terminaría atentando contra su intención de adelgazar y, en realidad, provocarían el efecto opuesto", agregó el experto.

domingo, 30 de agosto de 2009

ANÁLISIS DE CERVEZAS RUBIAS

La tentación del verano.
Dorada, suave y refrescante... ¿quién se resiste a una cerveza en estos días de calor? Le ayudamos a elegir la mejor analizando las rubias tipo lager. Eso sí, si quiere disfrutar de una buena capa de espuma, más vale que aprenda a tirarlas.
El consumo de cerveza en España no ha dejado de aumentar en los últimos años. Aun así bebemos bastante menos que nuestros vecinos del norte de Europa: en concreto, 56 litros al año, 11 litros por debajo de la media de la Unión Europea. Eso sí, en nuestro país el consumo se concentra en los meses de calor, que es cuando más apetece tomar una refrescante cañita, o lo que es lo mismo, una cerveza de baja fermentación tipo lager, el objeto de nuestro análisis.

Cervezas para todos los gustos.

La cerveza es una bebida alcohólica y gasesosa no destilada, obtenida por la fermentación de uno o varios cereales (normalmente cebada) y aromatizada con lúpulo. El tipo de fermentación (alta, baja o espontánea), permite hacer una clasificación de las cervezas.
De alta fermentación. Se fermentan de 15 a 20 ºC. La levadura es S. Cerevisiae
Conviene consumirlas cuanto antes. Las cervezas de alta fermentación son:
- Ale: Hay muchas. Varios tonos (y sabores): Mild, Brown, Pale, Bitter...
- Stout, Porter. Son cervezas oscuras. Típicas de Gran Bretaña
(Guinness).
- Blanca. Lleva trigo. Pueden ser alemanas (weisse) o francesas (blanche).
- Trapense y de abadía. Son las primeras, hechas en monasterios del Benelux.

De baja fermentación. De 6 a 10 ºC. Levadura S. Carlsbergensis. Estas cervezas suelen ser rubias, suaves y refrescantes.
- Lager. Toman su nombre de su región de origen (Pils, Munich, Dortmunder)
o de su método de elaboración (Bock, Dunkel). La Pilsen es un tipo de cerveza lager con gran cantidad de lúpulo, originaria de la ciudad checa de la que recibe su nombre.

De fermentación espontánea. Fermentan de forma natural, con la levadura propia de la cebada. Las más conocidas son:
- Lambic o Gueuze, típicas de la región de Bruselas
- Kriek, de doble fermentación. Llevan frutas, como la cereza.

Comparamos 29 lager.

De ellas, 22 son tradicionales (con un nivel de extracto seco inferior al 13%) y 7 especiales (igual o superior al 13%). Las compramos en formato lata de 33 cl en febrero de 2009.
- Hemos analizado su color, su amargor y su contenido de gas. Y a tenor de los resultados podemos concluir que las cervezas lager que bebemos en nuestro país son rubias, ligeramente doradas (ninguna llega a tener un color ámbar), de sabor suave, poco amargo (aunque las hay medianamente amargas), y bastante gaseosas, lo que las confiere un gusto refrescante. En cualquier caso, estas características están más relacionadas con las preferencias particulares de cada consumidor que con la calidad de la cerveza.
- El aporte energético de las cervezas analizadas oscila entre 109 y 142 Kcal por lata. Los valores más altos corresponden a las cervezas especiales y son similares a los de una Coca Cola normal: equivalen a siete terrones de azúcar. Si es un tema que le preocupa, opte mejor por una cerveza light o una sin alcohol.
- Estas cervezas llevan alcohol. Su contenido no es especialmente alto (ronda el 5%), sobre todo comparado con el vino (un 12%) o el vermouth (un 16%), pero es más que suficiente para dar positivo en un control de alcoholemia: bastan dos cañas. Cuando se trata de una cerveza especial, la graduación también suele ser un poco mayor.
- Llama la atención la escasa presencia de extracto seco primitivo en dos cervezas especiales: Alhambra y Dia. Esto revela una menor cantidad de malta y, efectivamente, en estos casos la cantidad apenas alcanza el mínimo exigible por la normativa (13%), por lo que dejarían de ser cervezas especiales.
- Otro aspecto criticable de las cervezas analizadas, y que en este caso afecta a todas, es el de la poca espuma que se forma en la copa cuando se tira. Además dura muy poco tiempo y su textura no es lo suficientemente compacta.
- En la degustación influye la falta de espuma, pero también hay otros valores más importantes, como el olor, el sabor, el aroma, la sensación en boca y el retrogusto.
En el cuadro (formato pdf) puede ver los resultados del análisis y así saber cuáles son los productos mejor valorados.

Nuestros consejos.

El sabor de una cerveza depende de su buena conservación, de la temperatura a la que se sirva y, también, de cómo se tire.
- A la cerveza, como cualquier otra bebida alcohólica, no le sienta bien la exposición prolongada a la luz. Consérvela en un sitio oscuro, preferiblemente en la nevera.
- Fría sabe mejor. Pero no helada, ya que entonces se pierde la percepción de buena parte de sus aromas naturales y, además, no hace espuma. La temperatura ideal para una cerveza lager rubia es de unos 8 ºC; la de una cerveza negra o tostada, unos 9 ºC.
- Antes de servir la cerveza moje el vaso (o la copa) en agua: si la película que se forma es continua, significa que está limpio. Si queda algún resto de grasa (de leche, por ejemplo) la espuma no se formará correctamente.
- Una cerveza lager bien servida debe tener un color brillante y un aspecto espumoso, con una corona de espuma de dos o tres centímetros.
- Los alimentos que mejor combinan con una cerveza son los ácidos: escabeches, platos con tomate... y los aliñados con vinagre o mostaza.

La nacional cuesta la mitad.
Las diferencias de precio entre las cervezas tradicionales y las especiales no son destacables, apenas alcanzan ocho céntimos por lata.
Donde sí hemos detectado notables diferencias es entre las cervezas tradicionales nacionales y las de importación: mientras que la nacional cuesta, de media, 0,37 euros/lata, la de importación (Bavaria, Budweiser, Carlsberg, Heinneken y Kronemburg) sale por 0,64 euros/lata. Ojo, existen otras muchas marcas que comparten denominaciones germánicas, pero salvo la del Lidl están fabricadas en nuestro país. Y es que España es el tercer productor de cerveza de la Unión Europea, sólo detrás de Alemania y el Reino Unido.
En cualquier caso, es interesante que compare precios entre establecimientos. En lo que se refiere al formato de venta, y en contra de lo que se suele pensar, no se encuentran diferencias de precio entre los packs de 6, 12 y 24 latas.

OCU. AGOSTO 2009.

ATRACÓN PARA CALMAR LOS NERVIOS

Hay personas que, en determinados momentos y de forma inconsciente, calman la ansiedad con una ingesta excesiva de alimentos.


Son muchas las personas que se dan 'atracones alimentarios' de vez en cuando. Casi siempre son acciones inconscientes llevadas a cabo para calmar, con alimentos, un estado de ansiedad o de euforia mal canalizados. Una situación especial de nervios, un cambio importante en la vida, una desgracia o la celebración de algo importante son, entre otras, condiciones que generan la excitación suficiente para buscar en la comida el placer esperado y deseado.

No hay que darle más importancia si se trata de una conducta esporádica y pasajera que responde a circunstancias personales concretas, aunque después del exceso sí que se siente el malestar provocado por la ingesta exagerada y simultánea de comida. Esta conducta se transforma en un trastorno de la alimentación con mayúsculas cuando se llega a perder el control y ocurre a menudo. Es en estos casos cuando la persona afectada ingiere de forma incontrolada grandes cantidades de comida, generalmente en menos de dos horas, pudiendo llegar a tomar en una sola ingesta más calorías de las que necesita para todo un día.

Mujeres y dietas restrictivas

Las mujeres son el grupo de población que parece tener más episodios de atracón. En la mayoría de los casos, el descontrol por la comida es pasajero y no genera más preocupación en quien lo siente. De hecho, y en términos generales, es la mujer la que se preocupa con mayor frecuencia por su peso corporal. Asimismo, presenta mayor tendencia que los hombres a seguir dietas y otras estrategias que le ayuden a controlar su imagen y a perder peso. Esta preocupación excesiva contribuye a distorsionar su propia percepción del hambre y de la saciedad, y le lleva a caer en la tentación de comer de manera más compulsiva.

En el caso del trastorno por atracón patológico, que requiere el asesoramiento experto de psiquiatras y psicólogos, el retrato más común es el de una mujer de mediana edad, con cierta preocupación por su figura y que durante su vida ha hecho dietas de adelgazamiento en diversas ocasiones, aunque no siempre ha recibido un buen asesoramiento por parte de especialistas. Muchas de estas dietas llevadas a cabo son consideradas como dietas milagro.


Existe una relación directa entre las dietas de adelgazamiento y la aparición de atracones

Ser mujer y padecer sobrepeso u obesidad, junto a una historia de importantes fluctuaciones en el peso, son factores de riesgo muy significativos. El exceso de grasa corporal puede convertirse en parte de la causa y, a la vez, en una consecuencia común de este síndrome.


Aprender a comer .


El hecho de comer demasiado y sin control puede darse como consecuencia de restricciones prolongadas de alimentos o en cualquier situación estresante, de angustia o simplemente en momentos de aburrimiento o tristeza. El caso es que se empieza por un dulce y, cuando la persona se da cuenta, es muy posible que haya acabado el paquete de galletas o la caja de bombones. Como es lógico, estos atracones llevan consigo consecuencias físicas y emocionales. Provocan desazón y plenitud en el estómago, así como tristeza y malestar por no haber dejado de comer a tiempo. En cierta medida, se come sin pensar siquiera lo que se está comiendo; es más gula que necesidad.

Aunque los episodios de falta de control con la comida no sean frecuentes, si alguien se siente identificado con la descripción descrita, le podría servir de gran ayuda el asesoramiento de un dietista. Así, un hecho pasajero no se convertiría en una obsesión. La reeducación alimentaria por parte del dietista se basa en enseñar a comer sana y equilibradamente. Esto conlleva un aprendizaje de cómo funciona el organismo, cómo se gestiona la energía proveniente de los alimentos, cómo están compuestos los distintos grupos alimentarios y cómo afecta la dieta a la salud y, en definitiva, a la calidad de vida. En resumen, el objetivo principal del apoyo dietético es proporcionar un eje dietético de coordenadas que guíe a la persona en sus elecciones alimentarias y que sirva como base del cuidado del cuerpo, tan necesario para la salud física y mental.

Las pautas dietéticas son básicas para que las personas con tendencia a comer desaforadamente conozcan la importante implicación entre la realización de las dietas de adelgazamiento (muchas de ellas consideradas milagrosas) y lo que significa darse un atracón. De hecho, la inmensa mayoría de las dietas destinadas a perder peso, difundidas y comercializadas a través de distintos medios, son rechazables por los riesgos que entrañan para la salud física y mental.


La reeducación alimentaria por parte del dietista se basa en enseñar a comer sana y equilibradamente

Ingesta desproporcionada .


Es evidente que la desproporción de calorías, grasas y azúcares que acompañan a los atracones son importantes. Por ejemplo, las 1.200 kilocalorías que puede aportar media caja de bombones cubren la mitad de las necesidades energéticas de una persona adulta sana. Si se han comido en una misma tarde seis pasteles, las calorías llegarían a las 1.300, es decir, en una ingesta se habría ingerido más del 60% de la energía necesaria para una mujer en un día. Además, es una ingesta principalmente elaborada a base de grasas y azúcares.

Las grasas son los nutrientes con menor poder saciante. Por este motivo es más fácil comer una mayor cantidad de alimentos grasos, ya que la sensación de estómago lleno llega más tarde. Es más, probablemente se siente antes el malestar de la indigestión, las náuseas e, incluso, las ganas de vomitar por haber comido demasiado.


Tratamiento multidisciplinar

La epidemia de obesidad que amenaza el mundo occidental trae consigo nuevos problemas de la conducta alimentaria. Uno de ellos es el trastorno por atracón o 'Binge Eating' que, según una encuesta estadounidense reciente elaborada por científicos de la Universidad de Harvard y publicada este año en la revista 'Biologycal Psychiatry', ya es más predominante que la anorexia y la bulimia nerviosas.

Desde 1994, la Asociación Americana de Psiquiatría incluye este trastorno en el 'Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales' (DSM-IV). Establece también el protocolo que se debe seguir para hacer el diagnóstico de trastorno por atracón. Para que así sea, la persona debe manifestar, al menos, dos de estos cinco síntomas: deglución mucho más rápida de lo normal, comer hasta sentirse desagradablemente lleno, ingestión de grandes cantidades de comida pese a no tener hambre, comer a solas para esconder la voracidad y, por último, sentimiento de culpabilidad después del episodio, así como malestar al recordarlo.

En España, según Isabel Zamarrón, de la Unidad de Nutrición Clínica y Dietética del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, el trastorno por atracón afecta al 2-3% de la población adulta y lo hace por igual, independientemente del sexo y el peso corporal.

Este trastorno alimentario se caracteriza por atracones recurrentes en ausencia de conductas purgativas típicas de la bulimia nerviosa, como por ejemplo la autoinducción del vómito, el abuso de laxantes u otros fármacos o el ayuno y el ejercicio físico excesivo. Es por este motivo que, aunque el diagnóstico sea psiquiátrico, el tratamiento debe combinar componentes psicoterapéuticos, psicoeducativos, psicofarmacológicos y, por supuesto, dietéticos.

PAN PRECOCIDO CONGELADO

Su preparación requiere una tecnología precisa y segura y representa ya el 20% del total elaborado actualmente

El consumo de pan congelado en España sigue aumentando año tras año, según recientes datos del sector de la panadería. La implantación de esta nueva tendencia ha propiciado el impulso de una industria especializada en la producción de masas precongeladas listas para consumir cuando se desee. El gremio de panaderos está en desacuerdo con el reciente aumento de los puntos de venta de pan congelado, entre ellos gasolineras o supermercados. En términos de seguridad alimentaria el riesgo es mínimo si no se rompe la cadena del frío antes de su cocción en el punto de venta.

Actualmente el pan precocido congelado ha pasado a representar más del 20% del total elaborado en España, lo que se traduce en un crecimiento anual del 15%. «El negocio del pan ha evolucionado más en los últimos 15 años que en los 5.000 años anteriores», afirma en la página de la Confederación Española de Organizaciones de Panadería (Ceopán) José María Fernández del Vallado, secretario general de la Confederación. Este crecimiento ha provocado el cierre de un 20% de los establecimientos tradicionales en los últimos 10 años.

Las panaderías de toda la vida se están sustituyendo por otro tipo de local, un establecimiento donde además de comprar pan se pueden adquirir productos de pastelería y alimentación, e incluso disponen de mesas donde tomar un tentempié. Los hábitos de consumo actuales tienden a la oferta congelada, y cada vez se consume menos pan artesanal. A su vez, el consumidor es cada vez más exigente con la calidad, la variedad y la seguridad de dichos congelados.

La elaboración:

Antes de consumir, la masa congelada debe descongelarse a temperatura ambiente durante 15 o 20 minutos y cocer de 10 a 20 minutos a 190ºC

Atrás queda el típico proceso de elaboración y los madrugones para tener el pan listo a primera hora de la mañana. El principal objetivo de la obtención de pan congelado es la comodidad de disponer de este alimento en cualquier momento del día. La masa del pan precocido se congela después de la fermentación y sus necesidades varían respecto al pan tradicional. Su elaboración empieza con el amasado, proceso que requiere aumentar la cantidad de agua añadida respecto al pan tradicional, ya que la masa panaria tiene dos cocciones distintas. La harina utilizada es de una variedad más fuerte que la habitual y así absorbe más cantidad de agua. Aparte se añade ácido ascórbico como aditivo para soportar mejor la posterior congelación.

La fermentación es más larga que la habitual, ya que después de esta fase la masa no se somete al proceso de maduración. También se da más tiempo para que aparezcan las fermentaciones secundarias, responsables de los aromas. Finalmente, el aumento del tiempo en la fermentación favorece la producción de CO2, hecho importante porque parte de éste acabará perdiéndose en la congelación. Posteriormente se hace una primera cocción a 170ºC durante 5 minutos para inactivar microorganismos. Pasado este tiempo se enfría a 18ºC y se congela en cámaras destinadas para ello a -60ºC . Se puede utilizar nitrógeno líquido para llevar a cabo el proceso de forma más rápida. El objetivo de la congelación es llegar a -18ºC en el interior del producto y a -30ºC en su superficie.

Alcanzadas estas temperaturas se envasa el alimento y se mantiene a temperatura de -18ºC hasta su cocción. Para llevar a cabo su consumo, la masa congelada debe primero descongelarse a temperatura ambiente, aproximadamente de 15ºC a 24ºC durante 15 o 20 minutos. Se debe evitar una subida rápida de la temperatura ya que podría provocar la pérdida de agua del producto. Una vez descongelada se procede a la cocción durante 10 o 20 minutos a 190ºC. En 20 minutos el pan está listo para consumir.


Cambios en el proceso de cocción.


La última etapa de la elaboración del pan es donde aparecen los cambios más significativos en su estructura. Si hasta ahora el aspecto de la masa panaria no ha variado mucho, después del proceso de cocción es donde se aprecian los cambios más significativos. Con la cocción se pretende aumentar volumen de la masa y formar la costra superficial, y su proceso pasa por distintas temperaturas:

  • A 55ºC - 60ºC: inactivación de microorganismos y expansión de los gases, fenómeno que hace aumentar el volumen de la masa.
  • A 65ºC - 75ºC: gelificación del almidón, que adquiere más consistencia y desactivación de enzimas.
  • A 85ºC: desnaturalización de las proteínas.
  • A 100ºC: evaporación del agua y de sustancias aromáticas.
  • A 120ºC - 150ºC: se dan las Reacciones de Maillard y se forma la costra.

ELABORACIÓN TRADICIONAL DEL PAN

La obtención del pan 'de toda la vida' es el resultado de la mezcla de harina de trigo, agua y sal, de la que se obtiene masa homogénea que, posteriormente, se fermentará por microorganismos propios como 'Saccharomyces cerevisiae'. La primera fase de elaboración es la preparación de la masa y el amasado, cuya finalidad es conseguir una correcta mezcla de todos los ingredientes hasta la formación de una masa más sólida. Durante el pastado se permite la entrada de aire dentro de la masa, de manera que se consigue retener el CO2 en su interior favoreciendo la formación de una fuerte red proteica que dará lugar a una masa más viscoelástica. Una vez obtenida la masa, se deja reposar durante unos minutos (no más de diez ya que se podría perder el aire de su interior) y se añaden las levaduras (microorganismos como 'Saccharomyces cerevisiae'); una vez añadidas las levaduras, se procede a la elaboración de la masa dándole la forma deseada.

La elaboración continúa aumentando la temperatura de la masa a 28ºC/30ºC, de esta manera los microorgansimos crecen y fermentan, empieza aquí la fase de fermentación. Cuando la masa alcanza los 28ºC da lugar a la fermentación alcohólica, en la que los microorganismos transforman el azúcar en alcohol etílico y dióxido de carbono. El CO2 será el encargado de la formación de burbujas dando consistencia de la miga. Debido a la rapidez con la que se fermenta el pan, se requiere poca cantidad de alcohol, la mayoría de éste se evapora posteriormente. La maduración, que es la etapa que coincide con el reposo de la masa después de la fermentación principal, se realiza a temperaturas más elevadas, entre 30ºC y 35ºC. En esta etapa es donde tienen lugar las fermentaciones secundarias como la lactia, la butírica o la acética, responsables de la producción de aromas.

EL MENÚ DE LOS ESPAÑOLES SEGÚN EL MINISTERIO DE AGRICULTURA

El menú de los españoles: demasiada carne y pocas hortalizas

El Ministerio de Agricultura ha presentado un avance de los resultados del estudio encargado a la Fundación Española de Nutrición (FEN): '¿Qué estamos comiendo los españoles? ¿Cómo ha evolucionado nuestra dieta?', en el que se concluye que la alimentación se ha modificado notablemente en España en los últimos 40 años, alejándose del modelo tradicional de dieta mediterránea.

Por este motivo, asegura el ministerio en una nota, "se deben diseñar estrategias que fomenten la alimentación saludable, que permita la recuperación del patrón dietético tradicional, teniendo en cuenta las nuevas tecnologías de producción y conservación de alimentos". Todo ello, sin olvidar el componente de placer de los alimentos, que se considera clave para mantener o recuperar los hábitos alimentarios.

  • Leche y derivados (379 g/persona y día)
  • Frutas (310 g/persona y día)
  • Verduras y hortalizas (302 g/persona y día)
  • Cereales y derivados (214 g/persona y día)
  • Carnes y productos cárnicos (179 g/día)
  • Pescados (100 g/persona y día)
  • Aceites y grasas (48,6 g/persona y día)
  • Precocinados (34,2 g/persona y día)
  • Huevos (32,1 g/persona y día)
  • Bebidas sin alcohol (433 g/persona y día)
  • Bebidas alcohólicas (247 g/persona y día)

Este informe apunta que el consumo de carne y derivados, así como el de las grasas, fue superior al recomendado. Mientras que, por el contrario, el de cereales y derivados, verduras y hortalizas, frutas y leguminosas fue inferior al deseado. Los grupos de alimentos que más se ajustaron a las recomendaciones nutricionales fueron los de leche y derivados, pescados y huevos.

Ingesta de energía y nutrientes

El perfil calórico medio, es decir, el aporte energético de macronutrientes (proteínas, lípidos e hidratos de carbono) y alcohol a la energía total de la dieta, se caracteriza por un elevado aporte de lípidos a expensas de los hidratos de carbono durante los siete años que comprende el estudio. El porcentaje de proteínas a la energía total se ajustó al deseado.

Como media, el consumo medio de energía y nutrientes superó el 80 % de las recomendaciones, excepto para zinc y ácido fólico en hombres y mujeres y hierro en mujeres. El consumo de proteínas y vitamina C en hombres y mujeres superó el 150% de las recomendaciones. Las mujeres también rebasaron un 150% de las recomendaciones en relación a las ingestas de tiamina y vitamina A.

La ingesta media de energía ha disminuido en casi 300 kcal en los últimos 50 años. De hecho, desde 1964, el porcentaje de hidratos de carbono a la energía total ha disminuido en más de un 10%; un empeoramiento ligado al descenso en el consumo de cereales y derivados, legumbres y patatas. Por ejemplo, desde 1964, el consumo de pan ha bajado más la mitad, así como el de patata, que ha disminuido desde 350 gramos al día en esa fecha hasta los 100 gramos diarios en 2006

El perfil lipídico medio, es decir, el porcentaje de aporte de las tres familias de ácidos grasos (ácidos grasos saturados, monoinsaturados y poliinsaturados) ha mostrado un porcentaje de ácidos grasos saturados y ácidos grasos poliinsaturados superior a lo que sería recomendable.

CENAS DESORDENADAS


Modificar la conducta alimentaria de una familia para lograr unos hábitos saludables, supone un gran esfuerzo para todos los miembros.

Hoy en día, la imagen que refleja la cotidianeidad en muchos hogares son las cenas desordenadas y desproporcionadas de niños,adolescentes y muchos adultos.

Es un desorden que se traduce en horarios irregulares y en falta de disposición para cenar todos los miembros de la familia juntos y a la misma hora.
Este desbarajuste, una mala costumbre en hábitos alimentarios que están adquiriendo los pequeños, tiene consecuencias evidentes e inmediatas.
La falta de criterio en la planificación de una cena adecuada y saludable, tanto en el orden de los platos (1º, 2º y postre) como en el tipo de alimentos para elegir y la cantidad a consumir, se refleja en la calidad nutritiva de esta comida tan importante del día, que deja mucho que desear.

Tan importante como el resto de comidas.

El picoteo de embutidos y quesos para cenar y los platos rápidos pre-cocinados como pizzas y croquetas ya no son una comida excepcional de fin de semana, sino que se están convirtiendo en algo cotidiano.

Además, suelen ser los más pequeños los que, con su empeño, deciden lo que quieren cenar. Aunque hacer ese tipo de cenas de forma habitual no es lo más adecuado, ya que no aportan el mejor perfil nutritivo, los padres acaban consintiendo muchos de estos caprichos.

Los niños y jóvenes, delante de este tipo de comidas apetitosas para su gusto, tienden a comer más cantidad. La desproporción de grasas de estos alimentos no hace más que distorsionar el aporte de energía y nutrientes totales del día, así como la distribución en las distintas tomas, sobrecargando de calorías las cenas.

La cena merece considerarse como una comida tan importante como la del mediodía, a la que hay que prestar tiempo y dedicación para planificarla y compaginarla, desde el punto de vista nutritivo, con el resto de ingestas del día.

Motivos del desorden en las cenas.

El hábito de omitir la merienda repercute negativamente en la cena porque se tiene mucha más hambre.

Las cenas son contempladas por muchas familias como el único momento de encuentro familiar del día. Esta reunión en torno a la mesa cobra aún más importancia si los hijos e hijas comen en el comedor escolar o los progenitores comen fuera los días laborables.

Así, se aprovecha el tiempo de la cena para estar en familia. Sin embargo, la falta de previsión de aquello que se va a cenar cada día, unido al poco tiempo disponible para cocinar y a las pocas ganas de preparar platos con sartén o puchero, hace que las cenas sean cada vez menos elaboradas y más informales y desordenadas.

Desde la hora de la comida hasta la de la cena, los niños pasan muchas horas sin comer, lo que causa que lleguen a la cena con mucha hambre y coman sin control.

Los padres y madres, una vez conscientes de las posibles repercusiones negativas de este tipo de alimentación, deberían plantearse dar los primeros pasos, como la disciplina y perseverancia en una educación alimentaria saludable, así como la elaboración de un plan de menús de comidas y cenas coherente con las necesidades energéticas y nutritivas de los más pequeños.

En definitiva, son los padres los primeros responsables de la alimentación de sus hijos y quienes deben poner los límites entre lo que los niños quieren y lo que deben comer.

ENDEREZAR EL DESEQUILIBRIO

A medida que el tiempo pasa, los hábitos son cada vez más marcados y resulta más complicado modificar la mala conducta alimentaria.

El desconocimiento acerca de lo que supone una alimentación saludable y de la cantidad suficiente de alimento que necesitan los hijos es el principal problema para encontrar soluciones. Además, la falta de ideas a la hora de proponer platos fáciles pero equilibrados para las cenas semanales frena a los padres a la hora de elaborar platos nuevos.

Ante estas dificultades, se puede recurrir al consejo de un dietista, que analizará la situación alimentaria familiar, los hábitos de vida, los horarios y las particularidades de cada miembro para plantear, en consecuencia, la pauta dietética más acertada.

Por ejemplo, si el niño come en el comedor, tendrá en cuenta los menús escolares para organizar cenas equilibradas que contemplen los alimentos que pueden escasear en dicho lugar.

El menú de las cenas debe funcionar para toda la familia. Se repartirá la cantidad justa de cada plato a cada miembro según su edad y sus necesidades. También se cambiará la forma de elaboración, dirigiendo los platos más sencillos a los más pequeños.



ENCUESTA SOBRE HÁBITOS SALUDABLES DE LOS ESPAÑOLES POR CEACCU (CONFEDERACIÓN DE AMAS DE CASA, CONSUMIDORES Y USUARIOS)

Sólo el 6,6% de los españoles alcanza los objetivos de alimentación saludable respecto a las frutas, verduras, pescado y legumbres.
• Además, siete de cada diez encuestados declara no realizar a diario ningún tipo de ejercicio físico, la sexta parte (el 57%) duerme menos de siete horas, el 35 % reconoce que el estrés afecta a su vida diaria y un tercio admite haber iniciado alguna vez una dieta de adelgazamiento, y en mayor medida sin control médico.
• El estudio de CEACCU también revela que los “malos hábitos” nunca vienen solos: las personas con hábitos alimentarios poco saludables son las que menos acostumbran a tomar un desayuno completo, toman más precocinados y beben más alcohol.

La Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU) ha presentado hoy los resultados de la encuesta que ha realizado para conocer si los españoles llevamos, o no, una vida saludable. El objetivo de este estudio (“Los hábitos de los españoles en el cuidado de su salud”) es detectar nuestras costumbres menos sanas para, a la vez, contribuir a corregirlas mediante una ambiciosa campaña de información y formación que también se ha realizado.
Radiografía de nuestros malos hábitos
Los datos más relevantes que arroja este estudio son los siguientes:
• Alimentación. Es el apartado donde suspendemos con mayor rotundidad: Sólo el 6,6 % de los españoles alcanza los objetivos de alimentación saludable respecto a las frutas, verduras, pescado y legumbres.

La mayoría de los encuestados (74,4%) declara estar preocupado por llevar una dieta sana. Sin embargo, gran parte de ellos admite que su alimentación dista mucho de ser la más adecuada. Los errores más frecuentes que reconocemos son, por este orden: no tomar las suficientes frutas y verduras (menos del 12% llega a tomar diariamente las cinco piezas de frutas y verduras), no realizar un desayuno completo (sólo una cuarta parte lo hace a diario) y comer menos legumbres de lo conveniente (el 38% no cumple la recomendación de las dos raciones semanales)

Es el hombre frente a la mujer quien menos se preocupa por su dieta. Cuanto mayor es la edad, mayor es la preocupación. Divorciados y solteros y gente de menor nivel de estudios los más despreocupados con su dieta.

Las mujeres y la gente mayor tiene más costumbre de tomar fruta. Los jóvenes solteros los que menos. Es en Madrid donde menos personas comen fruta. En Aragón y Castilla-La Mancha la toma más personas pero en menor cantidad diaria.

Por otra parte, los alimentos industriales (precocinados, etc.) están presentes en el 25% de hogares más de 2 veces a la semana. Los jóvenes, la gente soltera y de estudios medios son los más habituados al consumo de este tipo de productos. Las comunidades donde lo hacen de manera más esporádica son en C. Valenciana y Cantabria y en Extremadura donde menos se abusa. En Madrid se consume más habitualmente.

Por Comunidad Autónoma, Madrid es la que peor se alimenta y Extremadura la que mejor.

Finalmente, el 35% dice haber realizado en alguna ocasión algún tipo de dieta de adelgazamiento y, lo que es más preocupante, en mayor proporción sin apoyo médico.

• Horas de sueño. En cuanto a horas de sueño, los españoles llevamos mayoritariamente un hábito inadecuado. El 57% de los encuestados dice dormir menos de 7 horas diarias. La siesta se presenta como una costumbre en vías de extinción: no la hacen “nunca” cerca del 60%. En el otro lado, un 26% dice practicarla a diario, mientras que el 16,1% sólo los fines de semana.

La encuesta de CEACCU revela que este hábito se practica más en Murcia y menos en el País Vasco.
• Ejercicio físico. La tendencia a llevar una vida sedentaria se confirma: Tan sólo el 27% de los encuestados dice hacer algún tipo de ejercicio físico (incluido los paseos) a diario y una cuarta parte de los españoles admite no practicar ninguno. Lo más frecuente es realizar alguna actividad moderada: como caminar (lo hace el 60%) u otras aficiones, tipo jardinería, que requieren un esfuerzo (13%). Menos extendida está la práctica de algún deporte. Los que gozan de mayor aceptación son: la gimnasia de mantenimiento (15%) y la natación (8%).
• Medicamentos. Sobre el consumo de medicinas, los encuestados son conscientes de que hay que tomarlas bajo control médico y con criterios restrictivos. Así se deduce de sus respuestas, donde se observa que el 75% dice no haberse automedicado en el último mes.
• Consumo de sustancias nocivas. Entre los resultados más alentadores del sondeo se encuentran las respuestas sobre el consumo de tabaco: no llegan a ser un tercio (el 29,8 %) los que se declaran fumadores habituales en la actualidad. Respecto al consumo de alcohol, podemos deducir una baja percepción del riesgo, pues sólo el 40% dice que “nunca” consume alguna bebida alcohólica; mientras que el 47% dice tomarlo ocasionalmente, el 11% a diario, y un 2% varias veces al día.
• Estrés. El ritmo de vida acelerado y agresivo nos produce con frecuencia estados de estrés, ansiedad, cansancio o angustia. Este es un problema que se extiende: aunque el 60% dice que, en general, se toma la vida con tranquilidad, el 35 % reconoce que el estrés afecta a su vida diaria. La mayor parte lo combate con medicación o ejercicio.
Los “malos hábitos” nunca vienen solos
Por último, el estudio de CEACCU también revela que los “malos hábitos” nunca vienen solos: las personas con hábitos alimentarios poco saludables son las que menos acostumbran a tomar un desayuno completo, toman más precocinados y beben más alcohol. El fumador habitual consume, en general, menos fruta que el no fumador.
(Julio de 2009)

viernes, 28 de agosto de 2009

HAMBRE O APETITO ¿ES LO MISMO?

Estas sensaciones son diferentes entre si y se encuentran reguladas por distintos factores...

Al apetito lo definimos como el deseo consciente de comer, que puede ser especifico, se adquiere por experiencia. En cambio el hambre es un estado primitivo, no aprendido, asociado a cambios psíquicos (irritabilidad, tensión), manifestaciones vegetativas (vacío epigástrico, nauseas, etc.). Es decir, el hambre es la necesidad del organismo de alimentarse, mientras que el apetito son las ganas de comer algo específico, antojos, aun en estado de saciedad o sin hambre.

¿Como regularlos?

La regulación del apetito y el hambre ocurre principalmente en un órgano llamado hipotálamo a nivel del sistema nervioso central el cual secreta sustancias que estimulan (dopamina por ejemplo) o inhiben el apetito, así como también la saciedad (serotonina) (según algunos autores la aparición de la sensación de hambre se debe mas por una estimulación o inhibición de la saciedad mas que por factores que regulen el hambre). Pero no solo intervienen sustancias sino que también existe una regulación del hambre a nivel de los órganos como por ejemplo la plenitud gástrica que frena el hambre. Este es el punto de justificación de porque se indican caldos o sopas por ejemplo a personas con sobrepeso u obesidad, volúmenes de comidas elevados, ya que la sensación de plenitud a nivel gástrico contribuirá a frenar el hambre de estos pacientes.

Otros órganos que intervienen son el intestino a través de la absorción de alimento y la secreción de insulina por medio del páncreas. También existen numerosas sustancias liberadas por el intestino que regularían el hambre como la colecistoquinina.
También existe una regulación del hambre a través del tejido adiposo, dependiendo de si este debe o no movilizar reservas.

Con respecto al apetito, como se dijo anteriormente, es el deseo consciente de comer y puede observarse una conducta "apetitiva" que esta vinculada a tradición, costumbres, preferencias, prestigio, religión, científicas o por razones biológicas.
Los hábitos alimentarios son los que influyen directamente sobre el apetito. Algunos hábitos pueden ser sensoriales como el aroma, aspectos del plato, socioculturales (como la disponibilidad de alimentos), económicos, de comportamiento (tradición, prejuicios, valor social, errores populares, moda, etc.).

Muchos hábitos suelen ser incorrectos, y sobre este punto debe trabajarse para una adecuada selección de alimentos para saciar el apetito y que no ocurran desfazajes en la alimentación que puedan conducir a alteraciones del estado nutricional ya sea por exceso (sobrepeso) o por déficit (anemias por ejemplo).

Debemos alimentarnos para saciar el hambre y proveer a nuestro organismo de los nutrientes necesarios para un correcto desarrollo y mantenimiento del mismo.

Causas del hambre

El hambre puede ser también un síntoma de enfermedad si comiendo no se satisface, o si está acompañada de otros síntomas como cambios de peso inusuales, requiere que el paciente visite al médico.
Existe una gran variedad de condiciones que pueden originar trastornos en el hambre. Algunas son de naturaleza fisiológica y otras son psicológicas, e incluso una combinación de ambas. Es muy importante consultar al médico en cuanto se inicie alguno de estos.

Los más comunes son:

  • Bulimia. Es un trastorno alimenticio caracterizado por comer en exceso y, a continuación inducir el vómito o usar purgantes para no engordar. Afecta a principalmente a mujeres desde la adolescencia hasta los 30 años, pudiendo durar varios años. Puede ser mortal.
  • Anorexia. Consiste en limitar voluntariamente la ingesta de nutrientes principalmente por razones "estéticas", quedando la víctima en riesgo de sufrir avitaminosis o desnutriciones severas. Puede llegar a ocasionar la muerte. Se presenta principalmente en mujeres desde la adolescencia hasta los 30 años.
  • Fibrosis quística. Es una enfermedad hereditaria que aparece en la niñez, provocada por la disfunción de las glándulas que producen moco, saliva y sudor. Estas producen una mucosidad densa que bloquea los pulmones produciendo tos crónica. También hay obstrucción del flujo de algunas enzimas del intestino delgado por lo que el niño no puede metabolizar y digerir bien la comida, presentando un apetito voraz, gran consumo de comida y hambre persistente.
  • Depresión. Los problemas emocionales determinan cambios en los patrones alimenticios. Resolviéndose el problema emocional estos mejoran, sin embargo, entre los principales síntomas de la depresión clínica se encuentran cambios persistentes en los patrones alimenticios.
  • Medicamentos. Ciertos medicamentos pueden producir cambios en el apetito, por ejemplo, si se toman corticosteroides se siente hambre voraz; por eso quienes toman esos medicamentos aumentan de peso. Las anfetaminas reducen el apetito, pero crean adicción.
  • Estrés. Cuando se encuentran sujetas a grandes niveles de estrés, algunas personas pierden el apetito y dejan de comer, situación que se regulariza al desaparecer el estrés. En ciertos individuos, por el contrario, al someterse a estrés incrementan su apetito, comiendo compulsivamente.

Como las causas son diversas, es difícil establecer un patrón de signos y síntomas. Lo mejor es asistir al médico si los hábitos alimenticios cambian sin razón aparente, si se experimentan trastornos digestivos y si comer, o dejar de hacerlo le causa irritabilidad o inquietud.

Tratamiento y asistencia

El proceso de hambre es una situación fisiológica desencadenada por el propio organismo para avisarnos de la necesidad de tomar alimentos para compensar las necesidades energéticas del cuerpo. Para subsanar estos problemas bastará con la ingesta de alimentos. Otros procesos patológicos (bulimia, anorexia, obesidad) pueden requerir: Dietas, Psicoterapia, Medicamentos, Cirugía.

Siempre que exista aumento o disminución del hambre debe consultarse con el medico ya que puede encontrarse alguna enfermedad que sea la causante de este padecimiento (diabetes, hipertiroidismo). También visite al médico si pierde o gana peso de manera intempestiva.

Debe mantenerse una alimentación suficiente, variada y cuidando que sea equilibrada y percatándose de los excesos para evitar otras enfermedades.

La información presentada en este espacio es solo de carácter general y educativo. En ningún caso dicha información reemplaza la atención del profesional de salud que corresponde o el diagnóstico o tratamiento de una enfermedad determinada.

domingo, 23 de agosto de 2009

(VIDEO EDUCATIVO) "PARA CRECER DEBEMOS COMER" (JUNTA DE ANDALUCIA)

EL PLATO DEL BUEN COMER DE E.E.U.U

LA NEURODIETA

Esto es solo para que lo leas y te des cuenta lo que influye la alimentación en el estado de ánimo.

La "neurodieta" es una nueva manera de adelgazar que permite bajar de peso, disminuyendo la ansiedad. Consiste en incorporar "triptófano", una sustancia que sólo se consigue a través de determinados alimentos como las nueces, el chocolate o los cereales. Este método, entre otros beneficios, ayuda también a combatir la ansiedad y la depresión.

Para tener una vida sana y saludable, resulta esencial conocer propiedades y beneficios de los alimentos, la forma de consumirlos y combinarlos, pero también no escatimar lo indispensable. Simplemente porque la inadecuada calidad de nutrientes -vitaminas, proteínas y minerales- que necesita el organismo, produce desequilibrio con respuestas negativas que abarcan desde el ánimo hasta el control del peso corporal.
Muchos investigadores están abocados a la relación alimentos-química cerebral para descubrir las causas de la depresión y la obesidad. Y, por ejemplo, ya han logrado dilucidad que algunos alimentos son capaces de desencadenar la producción de endorfinas, verdadera morfina natural que fabrica el organismo para aliviar el estrés. Es el caso de los dulces -chocolates, caramelos-, que si se acompañan con ejercicio físico y experiencias placenteras ayudarían a segregar esta hormona.
Así lo afirman el doctor Norberto Russo -especialista en Trastornos de la Alimentación y director del Centro de Nutrición y Vida Sana- y la licenciada en Nutrición Carolina Méndez, también del mencionado centro, creadores de la dieta que contempla todas estas instancias. Conocer las sustancias a las que se refieren los especialistas permite poder seguir los cambios de nuestro estado de ánimo.
Una de ellas es la "catecolamina" -sustancia química neurotrasmisora responsable del estado de alerta y la tensión- cuya segregación aumenta con los alimentos que tienen más proteínas -carne, pescado, huevo, queso- y pocos hidratos de carbono. En cambio, aquellos que tienen más hidratos de carbono -cereales, frutas- y pocas proteínas, estimulan la segregación de otra sustancia química llamada "serotonina", responsable del estado de saciedad, de la conducta y de algún tipo de depresión.

Así, resulta más fácil entender por qué mucha gente come dulces para calmar su ansiedad: la glucosa de los dulces aumenta la producción de "serotonina" en el cerebro; y su disminución es causa de depresión del "síndrome de compulsión selectiva de dulce nocturno", con su consiguiente aumento de peso. Del mismo modo, considerando a los alimentos la química indispensable para nuestra vida, se evalúa que la sal en cantidad, la cefeína, el alcohol, las xantinas -utilizadas en el chocolate-, las carnes rojas y grasas saturadas con alimentos que aumentan el estrés; mientras que los vegetales, cereales e hidratos de carbono tendrían propiedades antiestrés.
Precisamente en estas premisas se basa la nutrición biológica -fuertemente propiciada por Russo y Menéndez, que respeta la química del cerebro para la confección de dietas y programas de alimentación, para adelgazar y combatir la anorexia, bulimia y enfermedades anímicas. "Concretamente, las dietas neurobiológicas buscan el descenso de peso combatiendo el apetito con el sólo manejo de sus neurotransmisores. Así permiten combatir la obesidad sin alterar el estado de ánimo; aún bar de peso mejorando el ánimo y disminuyendo la ansiedad", afirma el doctor Russo.

OTRAS CLAVES - Quien acumuló hasta 20% más de su peso ideal, tiene sobrepeso. Si el exceso alcanza más de 20%, puede decirse que el paciente es obeso. En otras palabras, si una persona que debería pesar 70 kilos pesa hasta 84, tiene sobrepeso. Si la balanza indica más 84 kilos, es obeso. Según el especialista doctor Manuel Zajac, director de Consultorio de Especialidades Médicas de Buenos Aires, "un tratamiento eficaz incluye un plan alimentario hipofermentativo (baja fermentación para evitar la dilatación del estómago), hipocalórico y capaz de aportar las proteínas necesarias para mantener el equilibrio somático". "Esta combinación, sumada a una actividad física controlada, son claves para disipar kilos demás, contribuir a un deseable esquema corporal e instalar el bienestar físico y psíquico", sostiene el especialista.

martes, 18 de agosto de 2009

ARDOR DE ESTÓMAGO; CONSEJOS


El ardor o acidez de estómago, también denominado pirosis, se caracteriza por sensación de quemazón que comienza en la boca del estómago, detrás del esternón y de desplaza por el pecho hasta llegar a la garganta. Existe una serie de alimentos que es preferible evitar en caso de padecer este tipo de problema. Conoce cuáles te convienen y cuáles no.

1. Ardor de estómago


El ardor o acidez de estómago, también denominado pirosis, se caracteriza por una sensación de quemazón que comienza en la boca del estómago, detrás del esternón y de desplaza por el pecho hasta llegar a la garganta. Este síntoma normalmente se presenta una hora después de ingerir los alimentos y puede persistir por varias más.

En ocasiones va acompañado de la sensación de que la comida o líquidos regresan a la garganta o boca (regurgitación), especialmente cuando la persona se agacha o se recuesta (se habla entonces de reflujo esofágico). Estos síntomas, además, suelen estar acompañados por un sabor amargo o ácido que invade la boca.

2. ¿Por qué se produce?

El ardor de estómago se debe a un mal funcionamiento del esfínter inferior del esófago, el cardias. El cardias es una abertura o anillo muscular que separa el esófago y el estómago. Su función es permitir el paso de la comida del esófago al estómago, y no en sentido contrario.

Cuando el bolo alimentario ha terminado de pasar, esta abertura se cierra rápidamente para evitar que la comida y los jugos gástricos regresen al esófago. Sin embargo, en ocasiones, el cardias se relaja o debilita. Esto facilita el paso del contenido ácido del estómago al esófago, cuyas paredes se irritan e inflaman, lo que se manifiesta con esa sensación tan característica de ardor o quemazón.

Las causas de este malestar pueden ser variadas, desde comidas copiosas o realizadas en poco tiempo, la ingesta de determinados alimentos, situaciones de embarazo, obesidad, uso de determinados fármacos causantes de acidez (determinados analgésicos, antidepresivos, dopamina...), enfermedades orales (caries, gingivitis), laringitis, faringitis, etc., hasta el padecimiento de hernia de hiato, a la que frecuentemente está vinculado, y la llamada enfermedad por reflujo esofágico.

Sin embargo, más allá de sus causas, lo importante es corregir aquellos hábitos o conductas que predisponen a padecer estos trastornos.


3. ¿Cuál es el tratamiento más aconsejado?

El tratamiento, en su conjunto, se puede abordar desde tres puntos de vista: farmacológico, dietético y postural.

En caso de aparición esporádica de ardor de estómago, se puede recurrir a la toma de fármacos como los antiácidos (mejor que el bicarbonato sódico utilizado durante décadas, que puede ocasionar efecto rebote si no tomamos la dosis adecuada) o los inhibidores de la secreción ácida (omeprazol), pero siempre bajo asesoramiento médico.

Conviene tener en cuenta que su efecto es de poca duración y no ayudan a prevenir la acidez, por lo que serían poco útiles en caso de una acidez frecuente o severa. Además, su ingesta continuada podría agravar el problema.

En caso de padecer con cierta frecuencia este trastorno, lo mejor es evitar determinados alimentos y posturas que potencian el ardor. Se ha demostrado que determinados nutrientes de los alimentos (proteínas y grasas, principalmente) pueden modificar la presión sobre el cardias, haciendo que algunos alimentos sean mal tolerados en estos casos.

Las proteínas, por ejemplo, aumentan la presión del cardias, por lo que se aconseja que la dieta sea moderamente rica en las mismas. Por otro lado, las grasas, disminuyen la presión del esfínter, con lo cual éste se relaja, y enlentecen el vaciamiento gástrico. De ahí que, en estos casos, se prescriban dietas bajas en grasa.

En el caso de los hidratos de carbono no modifican la presión del esfínter, por lo que no serán un grupo de alimentos a tener en cuenta desde este punto de vista.

Además, se aconseja llevar a cabo una serie de medidas higiénicas o posturales que alivian esta sintomatología. Se aconseja, por ejemplo: - Evitar recostarse después de las comidas, ya que esta posición favorece la subida de ácidos al esófago.
- No flexionar el tronco frecuentemente, en especial, después de comer.
- Elevar la cabecera de la cama unos 30º para dormir o acostarse.
- No usar prendas de vestir muy ceñidas.
- Suprimir el tabaco.
- Evitar las situaciones de estrés, nerviosismo o ansiedad, que ocasionan un aumento de la acidez.

Aquellas personas que de forma esporádica presentan ardor o acidez de estómago pueden mejorar su calidad de vida siguiendo los consejos acerca de cuáles son las posturas recomendadas y descartando o moderando el consumo de aquellos alimentos que lo favorecen.


4. ¿Qué alimentos ocasionan estos problemas?

Existe una serie de alimentos que es preferible evitar en caso de padecer este tipo de problema. Estos alimentos actúan relajando el cardias o aumentando la secreción de ácido.

En general, como se ha comentado antes, se recomienda una dieta moderamente rica en alimentos proteicos y baja en grasas. Los alimentos muy condimentados deberán eliminarse de la dieta, porque disminuyen, al igual que los alimentos grasos, la presión del esfínter.

Otros alimentos que deberán controlarse son el chocolate, el café y el (debido a su contenido en xantinas, y en el caso del chocolate, además, por su riqueza en grasas); las bebidas alcohólicas, en especial el vino blanco y el cava.


5. Consejos para la dieta

Se aconseja modificar la dieta con arreglo a las siguientes recomendaciones generales:

- Mantener el peso adecuado, evitando el sobrepeso y la obesidad.

- Masticar y comer despacio, triturando bien los alimentos.

- Repartir la dieta en pequeños volúmenes. Se aconseja realizar de 4 a 5 comidas al día para no estimular excesivamente la secreción de ácidos gástricos.

- La última ingesta deberá hacerse con un mínimo de 2 horas antes de acostarse.

- Tomar una dieta rica en proteínas y pobre en grasas, a base de carnes magras, pescados, productos lácteos desnatados, etc., evitando fritos, rebozados, guisos, embutidos, leche entera, nata, mantequilla y salsas.

- Utilizar técnicas culinarias sencillas, sin adicción de grasa en la medida de lo posible: plancha, grill, horno, hervido, microondas, papillote, vapor...

- Evitar aquellos alimentos que:

· Relajan el cardias o retrasan el vaciamiento gástrico: bebidas alcohólicas y carbonatadas, cebolla, ajo, chocolate, café, té, grasas y quesos fermentados y muy curados.

· Irritan o lesionan la mucosa esofágica: Frutas cítricas y sus zumos, tomate y derivados, café (también el descafeinado), bebidas carbonatadas, algunas especias (pimienta, pimentón, mostaza), alimentos muy calientes o muy fríos, productos integrales o muy ricos en fibras, algunas frutas y hortalizas como el melón, el pepino o el pimiento (según la tolerancia).